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¡Zas!

ZAS2

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Al final me decidí: nitrógeno líquido en spray, un lecho de celulosa desechable, una goma para analíticas como torniquete y el hacha de cortar la leña bien afilada. No habría dolor inmediato, sólo un golpe seco y un ruido estremecedor. Contaba además con un armatoste de analgésicos y entonces empezó el festín. Con tangos lunfardos de fondo para motivarme y una buena copa de Grants acompañando una ampolla de Nolotil cogí fuertemente el mango de la astral con las dos manos y me de volé cuatro dedos del pié izquierdo. «Pequeño paria el niño» cantaba entonces Daniel Melingo y la sangre brolló por la compresa de hospital y me apresuré a tenderme en el sofá con el pié en alto. Des de allí contemple los dedos muertos de mis pies que nunca me acompañarían al sepulcro. Tomé el teléfono y llamé al SAMU. Mientras esperaba el servicio de urgencias contemplé la necrosis en mis dedos seccionados y a mi dedo grueso, que guardaba a salvo, ponerse morado casi negro. El dolor empezaba a nublarme los sentidos y entonces sonó el timbre. Cuando abrí la puerta llevaba mis dedos recogidos en una servilleta, des de la entrada me trasportaron en camilla.

Alegué un accidente doméstico con la cristalera principal de la terraza comunitaria. Días después del —entre comillas— “accidente” tuve que romper el cristal con un mazo otra vez con los tangos a todo volumen: vinieron del seguro y me indemnizaron.

Me encontraba en mi último mes de subsidio, después de cobrar el paro y de haber tirado más de un centenar de currículos de licenciada y graduada al retrete. Asistí a una mesa redonda para diversos funcionales. Allí todo el mundo se conmovió con mi tragedia, pronto fuí asistida socialmente y en cuanto se me sellaron las heridas del pié tullido, nada más poseer un muñón en toda regla me contrataron de jefa de personal en Euro Cebolla. Allí empecé mi carrera profesional, siendo encargada de centenar y medio de tullidos. Por fin hallé la estabilidad económica en la que tantos esfuerzos habían invertido mis padres. Y así, un muñón entre muñones, empezó mi nueva vida inscribiéndome como sujeto pionero para la nueva tecnología biónica de los dedos de los pies.

LML 26/VI/14