Resseya Verónica Francés BoHo Magazine

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VERÓNICA FRANCÉS. Un diálogo con el espectador.

Per Letícia Marrades

Arte introspectivo y diálogo con el espectador: estos dos ingredientes configuran el cocktail creativo de la artista visual y miembro del AVVAC, Verónica Francés (1983, Valencia). Interdisciplinarmente, desde la performance, la fotografía, el dibujo y el videoarte, Verónica Francés despliega sus procesos de investigación artística sin dejar desatada ni una sola imagen de la crítica y  la reflexión.

A Verónica le interesa el “proceso” comunicativo del arte, pues rizomáticamente este mismo va a ser factor clave para hallar los distintos útiles de transmisión, es por ello que a cada proyecto le corresponderá un lenguaje visual concreto. Si en Video-llamada-acción (2011-2013, Concreta 0.3, primavera 2014) nos encontramos con una cadena de performances emitidas por Skype  respondidas con una creación de la mano del receptor para analizar así el proceso de comunicación horizontal entre artista y espectador; en su trabajo fotografico Clar que sí (2011) nos encontramos con la crítica a través de la ironía de las políticas de maquillaje, gracias a personajes en parajes incómodos acompañados de textos que hablan de un  indiscutible estado de bienestar. Pues para Francés, como para Rancière tanto el arte cómo la política son dos herramientas para crear ficción.

La concienciación alrededor de las dificultades laborales de los enfermos crónicos también encuentra su discurso en la obra artística de Verónica, esta vez mediante la video-acción a través de la Cátedra de Arte y Enfermedades de la Universidad de BBAA de la UPV, en un intento de sensibilizar y crear consciencia de los problemas a los que se enfrentan a diario los enfermos de Crohn y de Colitis ulcerosa en sus puestos de trabajo.

Su compromiso con la investigación artística la lleva al museo, donde observa y reflexiona. Aprovechando un puesto como asistente de sala realiza experimentos interviniendo sutilmente los espacios del museo, comúnmente auratizados como  lugares sagrados para analizar este común fenómeno cultural: del sacro organismo del arte. Si nos fijamos en las ilustraciones de Diario de sala (2014), comprenderemos la mirada del flâneur de las galerías institucionalizadas.

Introspectivamente el videoarte,  Allium ampeloprasum  (2013), o la performance, Hoy fué domingo (2010) alivian la vida de la artista valenciana. Las reconstrucciones metafóricas del pasado como instrumento terapéutico y la idea de dolor para superar el dolor de Gina Pane son para Verónica dos ases en la baraja para saldar duros momentos de su trayectoria vital.

El arte interroga al arte a la manera de Francés descendiendo a las raíces de la academia. A mesa puesta (2014) invita a cuestionarse la posición del artista quién sirve su arte a toda una amalgama de consumidores. Desde la universidad o museo, desde la posición de espectador o comisario todos disfrutan de la obra artística y la consumen, menos el artista relegado a un estatuto servil, muchas veces no remunerado.

Su necesidad de proyectar para elaborar trabajos artísticos de investigación e introspección, asiduamente sin un apoyo económico o remuneración, llevan a Verónica Francés a sumergirse de lleno en Acción de supervivencia 1 (2015), la vigente empresa en la que se plantea nuevas formas de sustento y denuncia de la situación de precariedad en la que viven los artistas. El presente affair supone invitar a comer a Verónica a cambio de un dibujo sobre la quedada para el anfitrión. Pero no nos olvidemos, el quid de la cuestión está en el proceso, y la experiencia artística se resolverá como reflejo emocional en el blog de la artista.

 Letícia Marrades

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