La bien pagá

bienpaga

http://paletoscopio.tumblr.com/image/121928633923

Canta morena”, de Concha Piquer. Tan convencida, patriota. ¡Y yo digo basta!. A veces deseas querer a contracorriente, exigiéndole dulzura a la bilis como cortando la flor querida para que se marchite. —Madre ya tengo una— me repetía sin cesar y a mi la sangre me herbía, queriendo desaparecer, estar en otra parte, viviendo otra vida, desplegando otro yo. Mientras tanto la automutilación mutua: Yo, mujer complaciente, disculpándome por mi mal carácter, disculpándome por insultarle, disculpándome por poner la música alta, disculpándome por “no haberlo hecho adrede”. Y él, encendiéndose cigarros compulsivamente llenando de humo la estancia, haciéndome fumadora pasiva y asesina en potencia, contenida, —eso sí, porque no me voy a enfadar—. Y él, magnífico en su hombría, con los cojones bien reposados, con sus nervios de fuego, haciendo click con el cartílago nasal, mientras martillea el teclado del ordenador o grita a la pantalla.

Y no sé quien de los dos está más loco, o es más negligente y desaprovecha su vida con ira mientras las malvarosas florecen y el Sol calienta el asfalto. Parece que solo somos dos felices borrachos, drogados del amor de alcohol, fornicando en las noches, despertando a los perros del vecino. Parece que la alegría se disuelve entre paredes, y nos sentimos desgraciados o incompetentes consumidores a fin de cuentas. Y así, otra vez, enculando en la vida, para tomar una bocanada de aire limpio, lo hacemos con rabia para calmar el mal humor. Y de vuelta en la mañana, las mismas tostadas de pan rancio y el mismo café marca blanca, pero arábico 100%.

Una vez di un portazo tan fuerte que nadie lo entendió, y yo me sentí fuera de juego, impropia de mi acción, pues la dócil mujer que se queja, ni es dócil, ni es mujer.

Id a terapia—, dijeron todos los amigos psicólogos, —a terapia deberíamos ir todos— y yo convencida que solo después del hambre había metafísica. ¡Qué difícil es a veces soportarse! Nunca iré a terapia, prefiero mi vientre llano, reclamando ser colmado, vivir en la eterna contradicción en la que se mueven las almas entre los sinpecho del capitalismo.

Nunca iré a terapia— me repetía continuamente, los nuevos sofistas del siglo XXI no se quedaran con el dinero de mis cervezas.

La bien pagá”, a toda hostia y un “No me quieras tanto” me recuerdan mi condición profana de mujer en el límite de la consciencia, inconsciente a veces de porte patriarcal, prometo que algún día —que nunca llega— me masturbaré plácidamente con un crucifijo, apuñalando la cristiandad con un acto psicomágico, pero creo, que no puedo, o no sé bien si quiero pues pienso en mis abuelas, de confección “mujeres” y se me revuelve el estómago.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *