Ibuprofeno 600

Siempre lo has sabido: eres de ese tipo de personas que siempre llegan tarde. Llegaste tarde a matricularte, llegaste tarde al aeropuerto, llegaste tarde a que te reembolsaran las recetas de la farmacia, llegaste tarde a pagar aquella multa, llegaste tarde a tu entierro. Definitivamente un desastre, vestido de negro, con ojeras negras, cara blanca y pocas ganas. Lo sabes. Enciendes el tocadiscos, Kind of blue. Te sientas en el sofá, al lado del gato, feliz gato, siempre durmiente, sin complicaciones, deseas ser él. Y entonces te preguntas si eres realmente más cool en Facebook que en personas. Tu mismo te respondes, quieres creer que no y te paras a pensar en todos esos imbéciles que hacen el esfuerzo social de ser guays en las redes sociales. Te complaces de no ser como ellos, aunque siendo consciente de tus horas muertas delante de la pantalla sin rumbo alguno, ni sino, ni por qué y piensas en lo mierda que es tu existencia. Luego abres el libro de Kerouac, empatizas con su porquería y se te ocurre escribir cuatro líneas en una libretita de tapa dura y goma transversal. Te da por consolarte con tu propia mierda y entonces piensas que Bukowski, el muy borracho, en realidad no vivió tan mal. Te haces un porro de hach y un Martini Dry para sentirte como de esa especie de élite beat, algo así como un hypster sin dinero y te saltas una comida, para ahorrar. Un desastre. Luego un café, una paja y un Ibuprofeno seiscientos, ya puedes hacer la siesta.

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