Arxiu mensual: Febrer de 2015

Metafísiques de panxa plena. 1

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Plorar per diners abocant els ingredients en l’olla.

No vull la vostra caritat, necis.

M’estimeu i voleu ajudar,

però jo,ací, sóc inconsolable.

Podríeu simplement guardar silenci.

Seguir el meu dol de problemes del primer món.

Guardar-se per a vosaltres eixe “hi ha gent pitjor”.

Callar-se la comparació de circumstàncies.

Hui el meu cor és com un cèntim de dòlar,

no sent res perquè no sóc un consumidor apte.

No puc gastar, doncs no existisc.

Em menjaré les restes del dinar per a sopar,

engoliré pa dur i procuraré no queixar-me.

Cadeau

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Un regal: per l’entrecuix, la mà humida, escorcollant. Un amant s’ecup als dits, un dos, un dos tres hi penetren. El polze clica el botó —una urgent demanda de fricció—. Quàdriceps tensos, bessons a munt i els dits del peu fent l’arquet cara abaix.

La bien pagá

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Canta morena”, de Concha Piquer. Tan convencida, patriota. ¡Y yo digo basta!. A veces deseas querer a contracorriente, exigiéndole dulzura a la bilis como cortando la flor querida para que se marchite. —Madre ya tengo una— me repetía sin cesar y a mi la sangre me herbía, queriendo desaparecer, estar en otra parte, viviendo otra vida, desplegando otro yo. Mientras tanto la automutilación mutua: Yo, mujer complaciente, disculpándome por mi mal carácter, disculpándome por insultarle, disculpándome por poner la música alta, disculpándome por “no haberlo hecho adrede”. Y él, encendiéndose cigarros compulsivamente llenando de humo la estancia, haciéndome fumadora pasiva y asesina en potencia, contenida, —eso sí, porque no me voy a enfadar—. Y él, magnífico en su hombría, con los cojones bien reposados, con sus nervios de fuego, haciendo click con el cartílago nasal, mientras martillea el teclado del ordenador o grita a la pantalla.

Y no sé quien de los dos está más loco, o es más negligente y desaprovecha su vida con ira mientras las malvarosas florecen y el Sol calienta el asfalto. Parece que solo somos dos felices borrachos, drogados del amor de alcohol, fornicando en las noches, despertando a los perros del vecino. Parece que la alegría se disuelve entre paredes, y nos sentimos desgraciados o incompetentes consumidores a fin de cuentas. Y así, otra vez, enculando en la vida, para tomar una bocanada de aire limpio, lo hacemos con rabia para calmar el mal humor. Y de vuelta en la mañana, las mismas tostadas de pan rancio y el mismo café marca blanca, pero arábico 100%.

Una vez di un portazo tan fuerte que nadie lo entendió, y yo me sentí fuera de juego, impropia de mi acción, pues la dócil mujer que se queja, ni es dócil, ni es mujer.

Id a terapia—, dijeron todos los amigos psicólogos, —a terapia deberíamos ir todos— y yo convencida que solo después del hambre había metafísica. ¡Qué difícil es a veces soportarse! Nunca iré a terapia, prefiero mi vientre llano, reclamando ser colmado, vivir en la eterna contradicción en la que se mueven las almas entre los sinpecho del capitalismo.

Nunca iré a terapia— me repetía continuamente, los nuevos sofistas del siglo XXI no se quedaran con el dinero de mis cervezas.

La bien pagá”, a toda hostia y un “No me quieras tanto” me recuerdan mi condición profana de mujer en el límite de la consciencia, inconsciente a veces de porte patriarcal, prometo que algún día —que nunca llega— me masturbaré plácidamente con un crucifijo, apuñalando la cristiandad con un acto psicomágico, pero creo, que no puedo, o no sé bien si quiero pues pienso en mis abuelas, de confección “mujeres” y se me revuelve el estómago.

¡Zas!

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Al final me decidí: nitrógeno líquido en spray, un lecho de celulosa desechable, una goma para analíticas como torniquete y el hacha de cortar la leña bien afilada. No habría dolor inmediato, sólo un golpe seco y un ruido estremecedor. Contaba además con un armatoste de analgésicos y entonces empezó el festín. Con tangos lunfardos de fondo para motivarme y una buena copa de Grants acompañando una ampolla de Nolotil cogí fuertemente el mango de la astral con las dos manos y me de volé cuatro dedos del pié izquierdo. «Pequeño paria el niño» cantaba entonces Daniel Melingo y la sangre brolló por la compresa de hospital y me apresuré a tenderme en el sofá con el pié en alto. Des de allí contemple los dedos muertos de mis pies que nunca me acompañarían al sepulcro. Tomé el teléfono y llamé al SAMU. Mientras esperaba el servicio de urgencias contemplé la necrosis en mis dedos seccionados y a mi dedo grueso, que guardaba a salvo, ponerse morado casi negro. El dolor empezaba a nublarme los sentidos y entonces sonó el timbre. Cuando abrí la puerta llevaba mis dedos recogidos en una servilleta, des de la entrada me trasportaron en camilla.

Alegué un accidente doméstico con la cristalera principal de la terraza comunitaria. Días después del —entre comillas— “accidente” tuve que romper el cristal con un mazo otra vez con los tangos a todo volumen: vinieron del seguro y me indemnizaron.

Me encontraba en mi último mes de subsidio, después de cobrar el paro y de haber tirado más de un centenar de currículos de licenciada y graduada al retrete. Asistí a una mesa redonda para diversos funcionales. Allí todo el mundo se conmovió con mi tragedia, pronto fuí asistida socialmente y en cuanto se me sellaron las heridas del pié tullido, nada más poseer un muñón en toda regla me contrataron de jefa de personal en Euro Cebolla. Allí empecé mi carrera profesional, siendo encargada de centenar y medio de tullidos. Por fin hallé la estabilidad económica en la que tantos esfuerzos habían invertido mis padres. Y así, un muñón entre muñones, empezó mi nueva vida inscribiéndome como sujeto pionero para la nueva tecnología biónica de los dedos de los pies.

LML 26/VI/14

Ibuprofeno 600

Siempre lo has sabido: eres de ese tipo de personas que siempre llegan tarde. Llegaste tarde a matricularte, llegaste tarde al aeropuerto, llegaste tarde a que te reembolsaran las recetas de la farmacia, llegaste tarde a pagar aquella multa, llegaste tarde a tu entierro. Definitivamente un desastre, vestido de negro, con ojeras negras, cara blanca y pocas ganas. Lo sabes. Enciendes el tocadiscos, Kind of blue. Te sientas en el sofá, al lado del gato, feliz gato, siempre durmiente, sin complicaciones, deseas ser él. Y entonces te preguntas si eres realmente más cool en Facebook que en personas. Tu mismo te respondes, quieres creer que no y te paras a pensar en todos esos imbéciles que hacen el esfuerzo social de ser guays en las redes sociales. Te complaces de no ser como ellos, aunque siendo consciente de tus horas muertas delante de la pantalla sin rumbo alguno, ni sino, ni por qué y piensas en lo mierda que es tu existencia. Luego abres el libro de Kerouac, empatizas con su porquería y se te ocurre escribir cuatro líneas en una libretita de tapa dura y goma transversal. Te da por consolarte con tu propia mierda y entonces piensas que Bukowski, el muy borracho, en realidad no vivió tan mal. Te haces un porro de hach y un Martini Dry para sentirte como de esa especie de élite beat, algo así como un hypster sin dinero y te saltas una comida, para ahorrar. Un desastre. Luego un café, una paja y un Ibuprofeno seiscientos, ya puedes hacer la siesta.

Zombie

«Altra vegada?», «Com pot ser això?» —Com si em sorprenguera de tenir les angines com dues pilotes de golf!— I és que mai em sembla prou!, tabac virgina d’enrotllar, haixis, marihuana, speed i un bon poll de cristall, tot adreçat amb litres de birra, gintònic i uns colpets de Jägermeister. Una combinació explosiva per a passar un bon dijous de globus, sembla que no teníem res millor que fer. Acudirem a un centre social ocupat, la versió light per denominar un bon cau de punkis, ple de poals d’aigua, de cables penjollosos, puces, runa i un ambient robaesgarrat que si no fóra per la castanya que m’habitava no suportaria. Però allí estàvem, els meus amics i jo, els més guapos i benpentinats del local —amb les butxaques buides per a variar—. Allí hi havia bona cosa de fills de pare ric, peusnegres, passant speed, practicant pilates per les vesprades i fent agricultura ecològica —tot un desficaci!—. I és que a eixe tipus de gent li encanta menjar tofu, quinoa, i verdures crues insípides, però, com sempre, ben acollida a la casa dels punkis, amb jaqueta cenyida vaquera em vaig engolir, pel mòdic preu de «la voluntat», una ració d’arròs pastos enviscat d’humus compartida per Rafa, el Will i Pili, amb una cullera per als quatre. I així soparem, preparats per a ballar la música del darrer grup, Los Malditos. Embadalits pel psychobilly separaven i ajuntàvem les cuixes de puntetes i ens dislocaven els colls, la Pili pillà el micro i es posà a cantar —els punkis per sort mai ho entenien—, i com sempre ens miraven de reull ballant per darrere esperant l’ocasió idònia per llançar-se a un pogo. El que no sabien és que tot i ser uns tiretes també pegàvem fort i érem exemplars fóra de serie, més bojos i atrevits que tota eixa colla. I com no— cridàvem l’atenció més que els músics. Allí, Rafa, tupé enrere mirà intensament Will i s’encetà el torn de barra lliure, vidre i canuts.

Lluny dels peusnegres, ja a la plaça del Cedre, en una timba més cool aparegué, una de les meues predilectes i ahí vaig tindre clar que veuríem fer-se de dia i passejar entre les marujes del mercat amb cara de corb i alè de rata morta. Gabrielle prompte es posà les piles i cara a la barra es va fer la quantitat adient de colpets de Jäger que convingué per estar a l’altura. I altre cop, ballant la música de l’Ernestoide en el Zombi muntàvem el quadre com de costum. La Pili per darrere la barra menjant-li la boca al amo del garito, Gabrielle ballant com una lleona i ratllant a un que semblava el pare del amo i que estava mellat, Rafa i Will vinga la mullada de vidre i jo entretinguda pegant-li la vara a uns nazis per a que me deixaren la Vespa primavera aparcada a la porta de l’antre. «Ie tu!, ixa moto es teua!» «És una primavera de quan encara no eren Piaggio! », «No, bueno, sí que es Piaggio!», «Pues quina merda!» «Però, mola, me la deixes?». Moto encesa, nazi assegut, amb un col·lega escuder supervisant la situació mentre m’explicava com canviar de marxa intervingué —per sort— Rafa, diguem-ne “políticament correcte” i mentre mediava per a que no em tonyara amb la vespa i acabarem partint-nos la cara, Will amb una castanya amorosopacífica en recolzar-se en Rafa tombant una escala menuda que caigué damunt la primavera nazi. Però, com que som uns salameros i tenim un gran do de gents, continuarem fent-se amics dels cerdos perquè eixa nit podíem ser-ho de qualsevol, i ja quasi abraçant-nos tots junts, Will tombà l’altra escala adjacent —i ara sí que gran— per damunt de Rafa, dels dos nazis i de la vespa. «¿Te ha abierto?, ¿te ha abierto?» deia l’escuder a l’amo de la vespa preparant-se els punys per rebentar-nos, però de nou, tan fantàstics com sempre, eixirem sencers per seguir destruint-nos a dintre del Zombie.

Un Dalí Malicios

Des de fa un temps cap ací convisc amb una mena de Dalí psicoticopunk perfeccionista. No és el meu home, tampoc el meu germà i molt menys el meu fill. Però la perplexitat amb la que em sobta a diari el fa ser sovint qualsevol de les tres coses. L’ansietat que es deriva de la seua bipolaritat arreu-exigent em desborda i em fa botar el cor del pit: qualsevol dia esclafirem d’ansietat ambdós, rebentant i escampant el budells per tot arreu. Que li diguen Dalí li fa prou de fàstic, tant com el que li provoca la idea de geni. Tanmateix, ell per a mi és un Dalí, en quant a potencial creatiu, empoderament vital i magnifiència d’una persona que es queixa per tot allò que el disgusta i que sap gaudir de tot allò que li pertoca. Això és sense dubte el que em fa estimar-lo des d’aquest indret o desastrosa existència: la seua essència sabedora d’allò que vol i allò que rebutja. Si tinguera mamelles també el voldria, si fos queer o tullit tant es valdria.

2/V/14 Joan Carles rei d’Espanyistain ha abdicat LML

Qui netetja la casa de la netetjadora?

Filla, nora, mare i algun dia sogra,

torca culs i les babes del iaio.

Passeja perquè hi ha “recao”.

Fa vint anys somnià que es casava de rosa, amb un xic guapo que se l’estimara.

Es va quedar prenyada a la primera de canvi per un gos lladre.

Deixà els estudis, deixà la casa, deixà el fill que alletava.

S’instal·là en un apartament interior on realitzava fel·lacions a diari.

Es deixava donar pel cul, per no tenir més nens i per satisfer al gos.

Un dia omplí del tot els pulmons i assassinà el vell amb un coixí

i sortí de casa dels senyorets amb les butxaques plenes de joies.

Ara ningú l’espera i es deixa pel cul per un altra fera.

I a tot hora pensa: el nen, el nen, el nen…

Manifeste

Manifeste que no vull escurar, ni passar el motxo.

No vull posar rentadores i planxar la roba cada dia.

No vull, esperar el meu home amb la taula parada i les espardenyes d’estar per casa.

Manifeste que no vull parir i criar fills.

No vull torcar culs ni fer de taxi familiar.

Vull matinades d’estiu a tot hora, una festa incessant d’evasió.

Vull viure, no ser nora, ni mare, ni sogra.

Ser qui sóc sense un gènere

Ara que tot em molesta

Ara que tot em molesta

romandré tranquil·la.

Com el pizzicato del violoncel,

com el vibrato de contrabaix.

Ara que tot em pertoca

coneixeré qui sóc des de l’angoixa.

Com el boig al jardí el diumenge pel vespre,

com la dependenta del Mc Auto a les 5 del matí.

Ara que dic que no

somriuré relaxada.

Com les moires teixidores,

com les iaies fent punyetes.

27/10/13 LML